La ONU dice que la IA avanza más rápido que las reglas, y tiene un informe para demostrarlo.
Las Naciones Unidas han recopilado varias de sus preocupaciones sobre la inteligencia artificial en un solo documento, y el hallazgo principal no es sutil. Las capacidades de la IA, dice la organización, están acelerándose más rápido que la capacidad de cualquier gobierno para entenderlas, probarlas o regularlas.
La advertencia llega mientras los delegados se reúnen en Ginebra para la apertura del Diálogo Global de la ONU sobre la Gobernanza de la IA, y se inserta en un panorama político donde la Ley de IA de la UE sigue siendo uno de los pocos marcos vinculantes en vigor.
El documento detrás de la advertencia es un informe preliminar del Panel Científico Internacional Independiente de la ONU sobre IA, publicado el 1 de julio y presentado como la primera evaluación global integral de la tecnología.
Su afirmación central es una brecha: entre lo que los sistemas de IA pueden hacer ahora y la comprensión científica necesaria para gobernarlos.
La regulación está rezagada, argumenta el panel, pero también lo está la investigación fundamental que los responsables de políticas necesitarían para redactar buenas reglas en primer lugar.
El Secretario General António Guterres transmitió el mensaje en términos más claros. “Cuanto más avanza la IA sin reglas compartidas, menos voz tendrán los gobiernos y las personas en el resultado”, dijo a los periodistas, antes de reducir su consejo a los gobiernos a dos palabras: “No esperen”.
Regresó al tema de la comprensión más de una vez. “El mundo no puede gobernar lo que no puede entender”, dijo, añadiendo que “el potencial es grande, pero los riesgos son reales, y el costo de esperar está aumentando”.
Ese marco, la gobernanza persiguiendo un objeto que aún no puede medir, es lo que le da fuerza al informe. El panel no está advirtiendo principalmente sobre ningún escenario catastrófico único.
Está advirtiendo sobre un desajuste estructural, en el que el ritmo de las ganancias de capacidad supera el trabajo más lento de evaluación, establecimiento de normas y legislación. Es una queja familiar entre los investigadores que estudian la gobernanza de la IA, dado el peso de la ONU detrás de ello.
La objeción obvia es que los gobiernos no están haciendo nada. La UE tiene un libro de reglas basado en riesgos en vigor, aunque se esté implementando de manera desigual entre los estados miembros.
China ha tomado medidas para restringir a los agentes de IA similares a humanos, forzando cambios en productos de consumo ya en el mercado. Estados Unidos, en contraste, ha luchado por producir reglas federales duraderas, un vacío que los críticos dicen deja al país mal posicionado para regular la industria que en gran medida alberga.
El punto del panel es que estos esfuerzos están fragmentados, y que esa fragmentación es en sí misma un riesgo.
También hay un argumento de equidad entrelazado en la evaluación. Los expertos advierten que la ventana para dar forma a la IA se está cerrando, y que si se cierra con la tecnología concentrada en un puñado de empresas y países, el resultado podría ampliar la desigualdad global en lugar de reducirla.
El acceso a computación, datos y talento no está distribuido de manera uniforme, y tampoco lo está la capacidad de gobernar.
Lo que el informe no hace es prescribir una institución o tratado específico. En cambio, se alimenta del diálogo de Ginebra, que se pretende que sea el comienzo de un proceso en lugar de un punto de decisión.
La ONU ha tenido cuidado de enmarcar al panel como asesor, un cuerpo científico modelado de manera laxa en las evaluaciones climáticas que informan las negociaciones intergubernamentales sin dictarlas.
Si ese modelo puede moverse a la velocidad que el propio informe describe es la pregunta abierta. Los procesos intergubernamentales son deliberados por diseño, y el hallazgo central del panel es que la IA no lo es.
El paralelo climático es instructivo en ambas direcciones: las evaluaciones han producido un cuerpo compartido de evidencia, pero décadas de ellas no han garantizado una acción decisiva. El panel está apostando a que una base científica común aún vale la pena tener, incluso cuando la política se queda atrás.
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