Una extraña naricita eléctrica puede ser la pieza que falta para los frigoríficos inteligentes.
Los investigadores de UC Berkeley han construido una nariz eléctrica que puede detectar gases relacionados con alimentos en mal estado y alérgenos comunes de manera más consistente que una prueba de olfato humano. El dispositivo utiliza un chip de sensor de gas de 16 sensores que convierte las reacciones con gases relacionados con alimentos en señales eléctricas.
El juicio en la cocina puede volverse complicado porque la comida no siempre se ve o huele riesgosa antes de convertirse en un problema. La leche, los huevos, el pollo, la fruta y los frutos secos liberan diferentes firmas químicas, y las personas generalmente tienen que decidir con lo que su nariz capta en el momento.
El trabajo aún está en el laboratorio, pero el destino es lo suficientemente obvio. Los refrigeradores inteligentes no se sentirán realmente inteligentes mientras solo rastreen estantes, configuraciones e inventarios en lugar de la química cambiante en su interior.
Brandon Sánchez-Mejia / UC Berkeley
¿Cómo funciona la nariz eléctrica?
Cada sensor en el chip utiliza una película de detección diferente, por lo que los gases de los alimentos producen una respuesta en toda la matriz en lugar de una señal simple de sí o no. Un modelo de aprendizaje automático compara ese patrón de respuesta y clasifica el perfil de olor.
Los investigadores entrenaron el sistema con fresas, arándanos, plátanos, nueces, avellanas, anacardos, cacahuetes, pollo crudo, leche y huevos. Para el pollo, la leche y los huevos, el modelo también utilizó muestras probadas frescas y después de 24 y 48 horas a temperatura ambiente.
La ilustración de UC Berkeley del chip muestra por qué el enfoque es más complejo que un detector básico. Múltiples materiales de detección reaccionan a las moléculas de gas, luego el software vincula esas reacciones a un alimento o aroma.
¿Por qué necesitarían los refrigeradores inteligentes el olfato?
La seguridad alimentaria depende de la química, el almacenamiento y el tiempo, lo que hace que las fechas impresas y las rápidas verificaciones de olor sean guías limitadas. Un refrigerador con detección de gases tendría una forma directa de detectar señales de deterioro antes de que los usuarios queden adivinando.
El equipo de UC Berkeley utilizó nanotubos de carbono en lugar de un diseño de óxido metálico más caliente, lo que permite que el sensor funcione a temperatura ambiente. Esa elección abre la puerta a más materiales de detección, incluidos polímeros, y apoya un proceso de fabricación más simple de fundición por goteo.
Brandon Sánchez-Mejia / UC Berkeley
Para los electrodomésticos conectados, el atractivo es práctico. Un refrigerador que pueda señalar pollo envejecido o trazas de alérgenos daría a la tecnología del hogar inteligente un trabajo más claro que otro panel de aplicaciones.
¿Cuándo podrían las cocinas realmente tenerlo?
Las cocinas reales son la próxima prueba de estrés. El dispositivo detectó 0.05 gramos de nuez aislada, alrededor de una centésima de una nuez pelada promedio, pero el equipo aún no ha demostrado cuán bien funciona cuando los olores se superponen en ensaladas, pasteles o refrigeradores llenos.
Ya existe una versión portátil que funciona con una aplicación de iPhone, aunque no se incluyó en el estudio publicado. El próximo hito útil será una prueba más amplia de sensibilidad y fiabilidad en entornos de alimentos mezclados y desordenados, porque ahí es donde un futuro sensor de refrigerador se probará o se estancará.
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Una extraña naricita eléctrica puede ser la pieza que falta para los frigoríficos inteligentes.
La nariz eléctrica de UC Berkeley utiliza un chip de sensor de gas de nanotubos de carbono para detectar alimentos en mal estado y alérgenos, pero los refrigeradores abarrotados y los olores de alimentos mezclados siguen siendo la verdadera prueba.
